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domingo, 11 de enero de 2026

diez

10 de enero de 2016. 

Era una tarde fría de domingo y yo no tenía nada que hacer, así que sencillamente me aburría en mi habitación. Y supongo que ahí empezó todo. Tuve mi primera crisis existencial, aún no te sé explicar por qué pasó aquel día. No hubo ningún trauma cercano que pudiera explicar el pistoletazo de salida de mi depresión... sencillamente sucedió, y eso fue todo. Bueno, pues de ese día aleatorio ya han pasado DIEZ años. Me da un poco de vértigo pensar en ello, y más aún que estoy bastante más lejos de superarlo que aquel día. 

Usar la palabra "depresión" también me parecía una exageración al principio. Sí, me iba peor en la universidad que en el instituto, qué novedad, no le ha pasado a nadie nunca. Sí, empezaba a faltar a clase, ¿y quién no lo hace? Empezaba a pasarme algún día que otro tirado en mi habitación sin hacer nada, pero nunca lo vi cómo algo súper grave... hasta que empezó a prolongarse en el tiempo. Y estuve a punto de dejar la universidad. Y a punto de perder una de las amistades más duraderas que tengo. Y empecé a dejarme ir y dejé de salir de casa.

Aunque desde septiembre de 2019 empecé a remontar un poco, la cuarentena de 2020 parecía mi gran punto de inflexión. Sé que suena raro, pero 2020 ha podido ser el mejor de estos diez últimos años. Perdí casi 20 kilos, aprobé muchas asignaturas de la carrera y me pasé el verano de fiesta. Todos éramos un poco más amigos de todos, seguramente porque llevábamos tres meses sin poder ver a nadie y recuperábamos las interacciones que no pudimos tener. Sea como fuere, lo recuerdo como una etapa muy feliz. Hasta que se acabó.

2021 fue un año dónde recuperé buena parte del peso que había perdido, estuve muy estresado porque quería terminar la carrera ese año... y no lo conseguí. Y, sin embargo, todavía recuerdo ese día dónde me dieron la nota de un examen de diciembre. Si aprobaba, podía terminar en febrero de 2022. Si no, seguramente tendría que posponerlo todo hasta junio o incluso septiembre. Y... aprobé. Estaba en casa de unos amigos que ya ni viven allí, ni realmente somos amigos. Lo anuncié allí y lo celebramos, y tengo ese momento cristalizado en mi memoria porque fue el momento en el que supe que iba a terminar la carrera, y que quizá el fin de esa etapa era el final de mis problemas mentales.

Finalmente no lo fue, y en 2023 me empezaron a entrar ataques de ansiedad que finalmente conseguí paliar, pero que me terminaron devolviendo a la depresión que sigo teniendo. Pero en fin, esto es el enésimo intento de hacer una cronología de mis problemas mentales que, por muy positivo que pueda ser, tampoco sirve de mucho.

Realmente, no sé muy bien por qué estoy haciendo esto. Llevo estos pocos días de 2026 con la mente nublada. Me propuse muchas cosas y no estoy cumpliendo ninguna. Queda un mundo, no me dejo de repetir que tengo tiempo para superar todo esto, pero el tiempo pasa y nunca lo supero. Ahora, no dejo de repetirme que estoy en ello, que la terapia es el primer paso y que voy por el buen camino. Pero el tiempo sigue pasando y ese gran cambio, ese día que puedo decir que ya no estoy mal, está tan lejos...

Supongo que tocará seguir esperando, o dejar de sentirme en el banquillo de la vida y hacer algo al respecto, aunque mi cabeza siga en mi puta contra día sí y día también y tenga que navegar a contracorriente. He tenido la suerte de llegar hasta aquí, gracias a tener buenos amigos y a una increíble familia. Si es que tengo cosas por las que alegrarme todos los días, y eso quizá es lo que más rabia da, porque parece incomprensible haberme pasado una década llorando. Pero eso es también lo más duro de la depresión, que puede alcanzar a cualquiera, y da un poco igual lo bien que estés antes.

Buscad ayuda si veis que un mal momento se os prolonga en el tiempo. No hagáis como yo y os lo echéis a la espalda y penséis que es una mala época que ya se pasará, porque soy la viva imagen de que, si no haces nada al respecto, nunca se pasa. Tengo la esperanza de algún día mirar a todo este tiempo desde una mejor posición, con la sonrisa misericorde del que sabe por qué llegó a estar tan mal y con la firme intención de no volver nunca más.

 

viernes, 26 de diciembre de 2025

MMXXV.


Llevo dándole vueltas a qué escribo aquí todo el mes. Estaba decidido a no publicar nada, pero hace unos días me vi mi película favorita del año y me volvieron las ganas de crear, aunque últimamente solo cree pequeños soliloquios que no terminan de llegar a ninguna parte.
 
No sé qué escribir porque tampoco sé muy bien qué ha sido este 2025. Lo he pasado peor que en 2024 y estoy peor en todos los aspectos. Sigo estudiando y me sigo sintiendo un inútil al respecto, sigo en el mismo sitio, sigo con la cabeza repleta de dudas. Siempre habían sido dudas abstractas sobre mí mismo, un batiburrillo de pensamientos negativos que me destrozaron la vida en mis años universitarios. Ahora, esas dudas se van concretando y van doliendo más. ¿He desperdiciado mi vida? ¿La relación con mis amigxs es recíproca? ¿Podré recuperarme algún día? Voy a llevar diez años enfrascado en esta batalla contra mi cabeza, y es imposible no mirar atrás y pensar en todo lo que no fue, todo lo que nunca pasó porque mi salud mental no me lo permitió. Es un ejercicio innecesario y doloroso, así que tendré que dejar de hacerlo.
 
 Creo que eso es un buen resumen de mi 2025. Dudas, inestabilidad, recaídas constantes... Pero bueno, voy a hacerlo cómo lo suelo hacer.
 
Empecé el año con una idea entre ceja y ceja: cambiar mi vida. 2024 había sido un año extraño también, lo acabé con la idea de que terminaría de estudiar y me metería a trabajar. A principios de año, ya tuve que terminar unos trabajos y lo hice de la misma forma tóxica y contraproducente de siempre: los últimos días, a trompicones y con muchas noches en vela. No podía seguir así, pero del mismo modo, solo me quedaba por terminar el TFM, y tenía hasta septiembre; tiempo de sobra para cambiar mi forma de trabajar y terminar por todo lo alto.
 
Pero el tiempo pasaba, y no me decidía. Las ideas volaban por mi cabeza, cada día una nueva, y no sabía posarme en ninguna. ¿Un análisis de la norma lingüística del español y del inglés? Sí, la investigación es interesante, pero a ver cómo hago actividades divertidas al respecto de esto. ¿El proceso de traducción de una novela de español a inglés? Guay, pero de nuevo se me atascaba la propuesta didáctica. Se me echaba el tiempo encima, y no sabía qué hacer. Se empezó a formar una pelota gigante de todo esto, y el máster empezó a quedarme gigante, a pesar de que no había tenido ningún problema académico hasta entonces. El síndrome del impostor se apoderó de mí, y no supe cómo salir de ahí.
 
 Entre medias... hice un curso que prometía mejorarme y ayudarme a encontrar trabajo. De ahí saqué algo muy bueno, que fue el curso en sí. Me dio muchas herramientas que antes no tenía a la hora de buscar trabajo, me hizo conocerme mejor y sentí que me unía un pelín más a Christian y a Ana. Pero también llegó lo malo: vi lo complicado que era encontrar trabajo con la nula experiencia que tengo. Sentí que estudiar todos estos años no había servido para nada, y me sentí más inútil que nunca. Empezó siendo una forma de sacarme un poco de mi zona de confort y en realidad sí que sirvió para eso, pero a la vez fue una fuente de frustración extra que, al menos este año, me hizo tanto mal como bien. Tengo la esperanza de que en el futuro agradeceré haberlo hecho, así que tampoco quiero que quede como algo súper negativo.
 
Mi verano fue muy turbulento, de los más turbulentos que he tenido en mi vida. Por primera vez, sentí un resquebrajamiento insalvable en mi círculo. Amigxs que siempre había visto como una unidad, de repente estaban por todas partes. Y yo en medio, sin saber muy bien qué hacer. Mucha toxicidad y deshonestidad. Suena muy inocente porque te reconozco que soy una persona inocente, pero este año, por primera vez, mi grupo de amigxs dejó de sentirse como un lugar seguro. Y no señalo ni digo nombres porque fue una sensación general. Tengo que recalcular un poco mi relación con la gente a la que quiero, y es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
 
Doy estos brochazos rabiosos sobre el lienzo de 2025 y parece que ha sido el peor año de mi vida, pero finalmente creo que le queda grande ese título y voy a decir por qué. La mejor noticia llegó a finales de septiembre, junto a la mala noticia de tener que dejar aparcado el TFM. Empecé a ir a terapia. Y ahí sigo.
 
Así que, más que sencillamente verlo como un año negativo, creo que debería verlo como un año necesario. El progreso está lejos de ser lineal, y sigo lejos de esa estabilidad, pero... estoy en ello. Y, de momento, nos vamos a tener que confirmar con eso. 
 
 Ahora llega la gran pregunta... ¿qué pasará en 2026? Tengo que proponerme muchas cosas, y esta vez tengo que cumplirlas en serio. El cambio físico cada día es un tema menos estético y más de salud, así que debería preocuparme ya de hacerlo y saber mantenerme. ¡Tengo que terminar mis estudios, por el amor de Dios! Y tengo que reevaluar mi vida una vez más, pero esta vez al alza, queriéndome y valorándome como me merezco. Ya está bien del self-loathing y de odiar todo lo que digo y hago, que es una vida insoportable. Es un camino pedregoso y más difícil que cualquier cosa que haya hecho en mi vida, pero tengo que hacerlo por mí. Ojalá pueda venir a deciros que 2026 ha estado genial.
 
¿Y el blog? Me fui, dije que iba a volver, nadie lo leyó porque nadie usa Blogger a estas alturas... Ojeé la idea de crearme un Substack. No prometo nada porque tengo prioridades que me llaman mucho antes, pero intentaré mirarlo con más detenimiento y dejar este formato que, aunque lo ame, lo cierto es que solo un par de valientes que me quieren mucho terminan leyéndose este tocho, y lo agradezco un montón a esas personas, pero estaría bien tener más público, la verdad.
 
Ah, bueno. Y anduve mucho. Escuchando mucha música al principio, y pronto conseguí que se apuntara mi madre. Esas caminatas han sido lo mejor de 2025 con mucha diferencia. También, en los vaivenes de mis amistades, reconecté con un amigo que es un ancla emocional que me ha mantenido a flote incluso en los peores días, y creo que nunca podré agradecérselo lo suficiente.
 
Escuché unos 250 álbumes y me vi 100 películas. En los retos de consumo que me propuse, solamente fallé el de los libros. Trataré de retomar la lectura este año, creo que es un hábito bastante más sano que los que tengo últimamente. A ver si me quito de tanto móvil y tantas tonterías en la cabeza.
 
En fin, muchas gracias si has llegado hasta aquí. Ojalá a ti también te vaya bien 2026, que sanes todo eso que tienes en tu cabeza y cuentas, y especialmente aquello que no cuentas. Felices fiestas y feliz año.