10 de enero de 2016.
Era una tarde fría de domingo y yo no tenía nada que hacer, así que sencillamente me aburría en mi habitación. Y supongo que ahí empezó todo. Tuve mi primera crisis existencial, aún no te sé explicar por qué pasó aquel día. No hubo ningún trauma cercano que pudiera explicar el pistoletazo de salida de mi depresión... sencillamente sucedió, y eso fue todo. Bueno, pues de ese día aleatorio ya han pasado DIEZ años. Me da un poco de vértigo pensar en ello, y más aún que estoy bastante más lejos de superarlo que aquel día.
Usar la palabra "depresión" también me parecía una exageración al principio. Sí, me iba peor en la universidad que en el instituto, qué novedad, no le ha pasado a nadie nunca. Sí, empezaba a faltar a clase, ¿y quién no lo hace? Empezaba a pasarme algún día que otro tirado en mi habitación sin hacer nada, pero nunca lo vi cómo algo súper grave... hasta que empezó a prolongarse en el tiempo. Y estuve a punto de dejar la universidad. Y a punto de perder una de las amistades más duraderas que tengo. Y empecé a dejarme ir y dejé de salir de casa.
Aunque desde septiembre de 2019 empecé a remontar un poco, la cuarentena de 2020 parecía mi gran punto de inflexión. Sé que suena raro, pero 2020 ha podido ser el mejor de estos diez últimos años. Perdí casi 20 kilos, aprobé muchas asignaturas de la carrera y me pasé el verano de fiesta. Todos éramos un poco más amigos de todos, seguramente porque llevábamos tres meses sin poder ver a nadie y recuperábamos las interacciones que no pudimos tener. Sea como fuere, lo recuerdo como una etapa muy feliz. Hasta que se acabó.
2021 fue un año dónde recuperé buena parte del peso que había perdido, estuve muy estresado porque quería terminar la carrera ese año... y no lo conseguí. Y, sin embargo, todavía recuerdo ese día dónde me dieron la nota de un examen de diciembre. Si aprobaba, podía terminar en febrero de 2022. Si no, seguramente tendría que posponerlo todo hasta junio o incluso septiembre. Y... aprobé. Estaba en casa de unos amigos que ya ni viven allí, ni realmente somos amigos. Lo anuncié allí y lo celebramos, y tengo ese momento cristalizado en mi memoria porque fue el momento en el que supe que iba a terminar la carrera, y que quizá el fin de esa etapa era el final de mis problemas mentales.
Finalmente no lo fue, y en 2023 me empezaron a entrar ataques de ansiedad que finalmente conseguí paliar, pero que me terminaron devolviendo a la depresión que sigo teniendo. Pero en fin, esto es el enésimo intento de hacer una cronología de mis problemas mentales que, por muy positivo que pueda ser, tampoco sirve de mucho.
Realmente, no sé muy bien por qué estoy haciendo esto. Llevo estos pocos días de 2026 con la mente nublada. Me propuse muchas cosas y no estoy cumpliendo ninguna. Queda un mundo, no me dejo de repetir que tengo tiempo para superar todo esto, pero el tiempo pasa y nunca lo supero. Ahora, no dejo de repetirme que estoy en ello, que la terapia es el primer paso y que voy por el buen camino. Pero el tiempo sigue pasando y ese gran cambio, ese día que puedo decir que ya no estoy mal, está tan lejos...
Supongo que tocará seguir esperando, o dejar de sentirme en el banquillo de la vida y hacer algo al respecto, aunque mi cabeza siga en mi puta contra día sí y día también y tenga que navegar a contracorriente. He tenido la suerte de llegar hasta aquí, gracias a tener buenos amigos y a una increíble familia. Si es que tengo cosas por las que alegrarme todos los días, y eso quizá es lo que más rabia da, porque parece incomprensible haberme pasado una década llorando. Pero eso es también lo más duro de la depresión, que puede alcanzar a cualquiera, y da un poco igual lo bien que estés antes.
Buscad ayuda si veis que un mal momento se os prolonga en el tiempo. No hagáis como yo y os lo echéis a la espalda y penséis que es una mala época que ya se pasará, porque soy la viva imagen de que, si no haces nada al respecto, nunca se pasa. Tengo la esperanza de algún día mirar a todo este tiempo desde una mejor posición, con la sonrisa misericorde del que sabe por qué llegó a estar tan mal y con la firme intención de no volver nunca más.