martes, 1 de mayo de 2018

Todo se derrumba.

Quizá me haya cansado. Cansado de ahuyentar demonios que no existen más allá de mi cabeza, intentar despistar al destino un segundo para dejarme en la paz que no conozco desde que caí sin rumbo fijo, hacia un pozo de desesperación y rabia infinita. Vivir en la estúpida bipolaridad de que todo se va a arreglar y ya no hay nada que hacer, lamentado entre dos tierras que no dejan de tirar, resquebrajando mi alma y mi fe en que realmente algo vaya a cambiar.
Quizá gritar hubiera sido lo mejor. Soltar años de furia en los segundos más exquisitos de una vida llena de inseguridad y miedo. Dejar de reprimir mis gritos con lágrimas y un nudo en la garganta, esperando ahogarme para no tener que sufrir más. Esperando morir, porque vivir estaba tan lejos de lo que hacía.
Quizá dejarlo todo, quizá no estar tan solo. 

Hay tantos quizás y tantas pocas respuestas, tantos agujeros en un camino recto donde agradeces subir porque la velocidad de la bajada solo te hará caer una y mil veces. Y quizás caer fuera lo que quería, porque seguir levantado era demasiado difícil.
¿Y si por una vez dejara las putas metáforas, dejara de hablar en figurado y no intentara ocultar que este fui yo? No he querido existir, he llorado hasta dormirme en más de una ocasión. He deseado cortar de raíz con todo lo que me rodeaba, queriendo parecer un capullo integral para que no doliera el adiós final. He agradecido vivir un día más cuando mi cabeza dejaba algo de lucidez entre mis más oscuros pensamientos. Siempre fui yo el que caí, el que no se supo agarrar a nada, el que se pasa hasta las tantas escribiendo esto porque nada le dolerá más que pensar que estos años han sido los mejores, y que si todo va para abajo, no aguantaré más. 
Quizá me haya hartado.

Watching As I Fall - Mike Shinoda

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