martes, 29 de mayo de 2018

subidas y bajadas - pieces viii

Hey.
Lo siento.

No quería hacer esto. ¿Por qué? Quizá porque he hablado de tantas cosas sobre mí en internet que no me siento cómodo hablando de algo tan personal. He soltado cositas en Twitter, tengo que decirlo. En fin, quiero explicar el motivo de algunas de mis entradas y me voy a abrir completamente, aunque solo sea a los cuatro gatos que me leen aquí. Intentaré que sea la primera vez que hable de esto sin llorar, aunque será imposible.

Mi vida en 2015 era perfecta. Que no os engañen entradas como Michael Baldwin, de hecho, estoy muy orgulloso de esa entrada porque fue algo de pura ficción, mis sentimientos no se interpusieron como sí han hecho en varias cosas que he escrito.
Llegaba 2016, y yo estaba emocionadísimo. Tenía la estúpida teoría de que los años pares me iba mejor que en los impares. Con lo maravilloso que fue 2015, ¿qué me tendría preparado 2016 para mejorarlo?
Nada, ya lo voy avisando.

Los primeros meses no subí nada, básicamente es normal porque nunca fui muy activo, pero empecé a sentir una crisis de identidad. Me vino de golpe la sensación de que a partir de ahí nada iba a ser igual. Ya sí que no era un niño, cumpliría 18 y me iría a vivir a Sevilla. Eso no explica Mágico. Sí que se explica el título de esta entrada. En abril fue una subida, un principio de recuperación de un principio de año algo convulso para mi mente.

En mayo, el supuesto peor mes de la vida del estudiante de Bachillerato (que lo es, no voy a desmentirlo yo) escribí una entrada con un "." como supuesto título, aunque su título era -Idealizado-. También subí Piezas. Voy a ser sincero, ahí hablaba de un capítulo de mi vida, de una vez que me enamoré y todo salió mal. Quizás aludía a aquellos Pieces ya borrados llenos de rabia donde fui un inmaduro y no supe aceptar que todo había terminado, quién sabe. En fin, al fin y al cabo, eran capítulos de mi pasado. Ya esa rabia no la tenía dentro, ni la tengo a día de hoy.

Pero llegó Pieces VI, donde hablaba de la parte de mi pasado que volvía. Por suerte, eso es una parte intrascendente de la historia, incluso una pequeña subida porque me hizo ilusión hablar con una persona que nunca pensé que volvería a hacerlo. Con eso llegó Selectividad, un San Juan catastrófico y un examen perdido que me mataron. Aprobé Selectividad con buena nota, pero desde el principio noté un pequeño bajón en mí, como si dentro de mí quisiera más. Nunca tuve una autoestima alta, pero en ese momento había decaído aún más. En San Juan mi propia inseguridad hizo el resto. Encima, tuve otro examen donde podía ahorrar mucho dinero a mis padres y lo suspendí. Empezó el verano y estaba fatal.
De nuevo, Merbereming no recuerda a nada de eso. Quizá porque relacionaba eso a un mal de amores... No sé. La verdad, esa entrada fue un intento de poema absurdo que no salió bien. Olvidable en esta historia.

Quizá julio remontó las cosas. Fue un mes en el que empecé sencillamente puteado, y acabé casi mejor que nunca. ¿Por qué casi? Entré en la carrera que quise, lo pasé genial con mis amigos y parecía que todo el tema de principios de año y tal había quedado en el olvido. Pues que un día quedamos para celebrar el cumpleaños de dos amigos míos, que si leen esto, se estarán enterando hoy qué pasó. Me fui pronto, sin argumentar nada, simplemente me fui. Adiós.
Me iba a ir a casa, pero recapacité y me quedé en un muelle cercano. Ese sitio fue y sigue siendo importante para mí. En fin, me puse a hablar por Whatsapp con una amiga mía, qué demonios, con mi mejor amiga en aquel entonces y espero que a día de hoy aunque hayamos perdido un poco el contacto.
Le dije qué me pasaba, que me había ido, que mi autoestima había pegado un bajón y básicamente estaba mal. El bajón.

Y agosto no mejoró las cosas. Tuve problemas con varios amigos míos, no sé por qué no digo nombres si tengo pocos amigos y van a ser quiénes lean esto, pero en fin. Me afecta cuando un amigo está mal, pues tenía varios amigos mal. Y encima, seguía sintiéndome como la mierda. De eso va It's Only Time, que todo lo que julio arregló, agosto lo destrozó. Encima, tenía que irme con esto a Sevilla. Y así fue.

Llegué y desde el primer día me sentí fatal. ¿Quién llora en su tercer día de clase? Pues yo mismo. Leer He perdido a día de hoy es un golpe, porque me podría describir el último año y medio. "He perdido, pues ya no anhelo un pasado inocente, sino un futuro acabado". Empecé a verme sin futuro, algo que se repetirá con el tiempo.
Pero se pasó. Volví a coger algo de coraje y pasaron cosas buenas alrededor que me hicieron pensar que estaba todo bien otra vez. Subida.
Y sí, Nuevo Desperdicio es una entrada donde hablo de esa recuperación. También me empezó a gustar alguien, porque en 2016 yo todo lo veía como un tema amoroso. Era idiota, o también es que me llevé mucho tiempo donde siempre que estaba mal, era porque estaba enamorado, y no veía más allá.
La historia de Trash Out es corta; me reté a escribir una entrada mientras estaba en clase, a bolígrafo. Y lo hice.

En fin, acabó el año y yo estaba deseando que acabara el año. Era un nuevo comienzo, llegarían los exámenes de enero, me saldrían bien y todo volvería poco a poco a ser normal. Estaba mejor adaptado a Sevilla y quizás me confié.

Porque 2017, si no fuera porque tuvo cosas muy buenas en medio, podría ser fácilmente el peor año de mi vida.
En enero me pasaron cosas con las que, básicamente, odiaba estar en Sevilla. Y después, toda cosa que me decían mis padres sobre la realidad de que mis notas habían bajado muchísimo, me afectaba muchísimo. No los culpo, ni mucho menos querían herirme, pero tenía la piel finísima por mi propia inseguridad. Así que odiaba estar en mi pueblo. Lo odiaba todo.
En febrero, empezó el segundo cuatrimestre y no volví a clase. Estuve a punto de dejar la carrera. En estas, escribí Frío, y es que en 2017 traté que mis entradas fueran más literarias, y no meter cosas de mi vida. Estaba fatal, y por primera vez, escribía entradas bonitas, con finales felices.
Los siguientes meses no escribí, porque básicamente no hice nada. Estaba todo el día en mi cama, solo salía para ir al pueblo y volver y para comprar comida. Comía hasta reventar, siempre me aliviaba.
En junio, llegó la hostia inevitable en los exámenes. Dos más apuntadas para septiembre, y el hecho de que no fueran todas es hasta un logro, porque solo estudié para el último examen. Me esperaba un verano horrible otra vez.
Y julio lo confirmó. Nunca seguí mi propio plan de estudiar y mejorar. Además, días talismanes para mí, donde yo pensaba que lo iba a pasar bien siempre porque soy así de estúpido, dejaron de serlo. Ya no disfrutaba con nada, y no hacía nada. Empecé a pensar que qué pintaba yo aquí, si jamás iba a hacer nada. Sin rodeos, empecé a pensar en suicidarme.
No voy a mentir, me sigue pareciendo una palabra muy, pero que muy fuerte. Por suerte, y por una vez agradezco mi propia cobardía, nunca encontré el coraje para hacerlo. Como unos días después de empezar a plantearme eso, como por arte de un demonio que quería verme matándome, se suicidó Chester Bennington.
Y fue la primera muerte de un famoso que me afectó. Aunque al principio me sorprendiera porque amigos míos me daban el pésame al ser Linkin Park mi grupo favorito. Poco después de eso, me entró un ataque de estrés una madrugada y le conté a mi madre todo lo que me pasaba. Y vi en primera persona que los peores días de toda esta mierda es los días siguientes a contarlo. Ya para mí tenía la etiqueta de deprimido. Ahí fue cuando más me planteé todo lo que dije antes, y me paró algo en lo que quiero basar una novela. He buscado a posteriori cosas como "how to kill myself" o "i want to die", cosas que en mi historial son una alerta roja, solo para encontrarlo. Sé que, el día que más ganas tuve de hacerlo, puse eso en Google y me saltó una página completamente en negro con un texto en blanco diciéndome que parara. La página se aliviaba en cada párrafo de que siguiera leyendo, pensar que mucha gente habrá terminado su vida leyendo esas líneas es horrible. Finalmente, daba un consejo más allá de hablarlo con alguien ya y buscar ayuda: esperar. Y no te decía que esperaras porque "lo que estás pasando es una tontería pasajera", algo que por favor no le digáis nunca a nadie porque es lo peor que haréis.

Me caló muy hondo todo eso que leí. Y jamás agradeceré lo suficiente a esa página porque, por suerte, paré.

Y menos mal que lo hice, porque me esperaba algo que quise que fuera un punto de inflexión en mi vida y aún creo que puedo conseguir que lo sea.

Fui a mi primer festival. Ahora parece esto una tontería, y lo es si crees que estoy pensando que "el festival salvó mi vida". No, por Dios. Si acaso el festival quiso hacer lo contrario, porque casi nos quedamos sin ir por culpa de su organización cutre como ninguna. Pero irme con mis amigos a Valencia, sin preocupaciones más allá de pasarlo bien, y que allí todo fuera bien me dio un subidón que llevaba años esperando.
Volver al pueblo y montar otra fiesta y pasármelo genial. Todo se arregló en un par de semanas donde volvía a estar en una nube. Parecía haberme librado de la etiqueta de "deprimido".

Llegó septiembre y las cosas fueron más o menos bien. Me llevé solo una de las tres, las otras dos conseguí sacarlas haciendo básicamente lo que no hice de febrero a junio; matarme a estudiar. Había encontrado motivación, aunque esa que me quedó me molestó bastante, parecía que ya nada importaba.
Y oye, esa mentalidad tuve hasta finales de año. Todo marchaba mejor, iba a más clases y, aunque algún día faltaba, ya era más por pereza que por tristeza, no voy a mentir.

2018 se antojó otra vez como el año de cambio que está en vías de ser. Ojalá lo sea.
Porque en enero no me quedó ninguna. Aprobé una asignatura que me tenía amargado y que veía súper importante para la carrera como es Análisis del Discurso; Francés, que aunque estudié hice un oral espantoso que pensaba que me iba a condenar; Inglés, que tuve siempre claro que aprobaría porque nunca se me dio mal, y Fonética, donde me saqué de la nada un notable que me alegró un poco más una primera parte de curso buena.
Me dejé una para septiembre, ese es el truco. No fui a esa porque no me veía preparado, y quizá un suspenso seguro no era lo mejor para mi autoestima después de un cuatrimestre sacado con esfuerzo. Pero esta historia parece no tener final feliz de momento, porque dejarme esa me afectó más negativamente de lo positivo que fue para mí aprobar Análisis, que me desperté con dolor de garganta y aún así grité por toda la casa cuando me enteré.

Y este soy yo al día de hoy. Quiero echarle todas las ganas a esta tanda de exámenes como las ganas que le eché en enero, pero sigo en constante subida y bajada. No sé, un golpe de buenas noticias ahora sería un analgésico final.
Dejo de escribir hasta nuevo aviso. Esta entrada es muy personal, y casi no quiero publicarla, pero creo que es necesario que el mundo sepa lo que llevo pasando, que mi mente no está amueblada y necesito un cambio en mi vida que, con suerte y esfuerzo, llegará pronto.

Gracias si has leído hasta aquí.

-Julio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario