martes, 21 de febrero de 2017

Frío.

Sigo aquí. Despierto y todo continúa ahí.

Los primeros rayos de sol de la mañana me despiertan, y seguimos en la playa. Sigo sonriendo como un niño pequeño, con la boca seca y las botellas vacías a mi lado. Miro al otro lado, y tú sigues ahí, durmiendo, abrazada a mí, con ese rostro angelical del que me enamoré en cuanto te vi. Sigo recordando hasta el último retazo de aquella noche. Seguimos con la misma toalla. Me levanto y sigo oliendo el salitre y la arena, y sigue impregnándome la misma felicidad dentro de mi ser. Voy hacia el mar, que sigue ahí, con pequeñas olas que dan en mis pies. El agua sigue estando fresca, como anoche lo estaba, pero ya no quiero bañarme. 
Prefiero volver y despertarte. He comenzado a andar hacia nuestra tienda de campaña, que sigue ahí, como la caja de Pandora que guarda el mayor de mis tesoros. Mientras andaba, acompañado por la misma brisa de principios de septiembre, y el mismo sol que empezaba a imponerse a la noche, he seguido sonriendo. Quise que pasara desde el principio, adoré cada momento que pasaba cerca de ti. 
Simplemente, esperaba que por fin todo fuera real. 
Llegué a la misma tienda, donde estabas tú, donde estaba la misma toalla que nos arropó, y, sin quererlo, dormí.
Porque todo es sueño y fantasía.

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