lunes, 24 de octubre de 2016

He perdido.

Dejé de ser optimista con todo lo que me pasaba y me sigue pasando, animándome a volver a encontrar ese efímero y utópico equilibrio que creo tener en lo más hondo de mi ser.
Pero ya no creo en él. Sé que me martirizaré, por todo aquello que no fue y sigo empeñado en que debió ser, a la vez que me sentiré egoísta y desvalorizaré lo que hoy tengo, hasta que lo pierda, y allá dónde esté, tenga que añorarlo. Y así hasta que no me quede nada, dañando y perdiendo a la persona más importante de mi vida: yo.
No es una rendición, pero sí que lo veo un final. Aburrimiento y sedentarismo, muerte virtual del alma y cuerpo errante por este mundo hasta el fin de los días. No dejo este mundo, pero me ato a él por pura cortesía en lugar de unirme a promesas vacías y esperanzas a romper.
Sigo sin culpar a nadie más que a mí mismo, porque aunque el daño lo hicieron otros, fui yo quién enmarcó esa llaga y la protegió hasta el día de hoy. Soy yo quién se ha esforzado y se esfuerza en mantener viva mi más profunda desesperación y hastío ante todo lo que rompí... y sigo dándome golpes en la cabeza cuando cometo el mismo puto error de creerme más de la basura que soy. Cuando, por un segundo, dejo mis inseguridades atrás, dejo de ser la persona de la última fila que bien podría ser una columna, saco todo lo que tengo de mí y lo destrozo en pocos segundos, volviéndome a mi refugio de semblante frío y mirada perdida, confiando en que mañana será otro día, y no seré el amargado de siempre, que volveré a florecer como lo he hecho otras veces, mientras que pasan las semanas, y los meses, y nada cambia. 

A veces me pregunto por qué sigo dando golpes de ciego ante algo que no tiene solución, que destrocé con todas mis fuerzas y deseé que dejara de existir. Por qué soy el mismo cabezota de hace años. Por qué no lo dejé pasar, por qué volví a abrir esta bocaza, que habla poco y solo da pasos hacia atrás. Me hallo sin respuestas.

He perdido, pues ya no anhelo un pasado inocente, sino un futuro acabado.

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