domingo, 22 de mayo de 2016

Piezas.

Todo ha cambiado. Y ha sido tan rápido como doloroso.

Dejé de escribir en tu honor para escribir en tu memoria.
Dejé de insistir y de amar a quién aportaba a mi vida.
Dejé de callar y la vida me cerró la boca.
Dormí, y cuando dormí dejé de pensar en tus ojos y dejé de querer vivir.
Vivir alrededor de tu pelo alisado que muere en tus hombros.

Idealicé mi vida como si se tratara de una película, y nunca dejé de pensar que fuera a ocurrir. En algún momento, debías adorarme tanto como yo adoraba algo abocado al peor de los fracasos.

Bajó el telón y me quedé solo en el escenario, añorando la presencia en los asientos vacíos mientras el teatro apagaba las luces y me dejaba a oscuras...
Perdido.

Y aquí sigo. Escribiendo sin pudor, sin ganas. Ganas de vivir en este mundo, donde todo lo que consigo es poco.
Desamor y agonía. Desesperación y deseo. La vida es sueño; sueño de amores incomprendidos y verdaderos.

Mis ojos vuelven a apartar la realidad y escudriñar la perfección de una forma impostora. Te siguen viendo en medio de la oscuridad, en uno de esos asientos, mirándome y sonriendo de manera comprensiva e incluso burlona.

Pasó todo y a la vez no pasó nada. Porque sigo aquí, escribiendo.


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