sábado, 21 de noviembre de 2015

The Unique Way.

Se levantó con el sonido de la lluvia tocando parsimoniosamente su ventana. Echó un rápido vistazo a su habitación, una almohada empapada en lágrimas, al lado de una botella de whisky vacía y la oscuridad que cernía su casa desde hacía unos días.

Intentaba olvidar. Olvidar todos los momentos pasados. Los buenos, y sobretodo, los malos. Si se desprendía de ellos, todavía podría sacarse adelante. Por qué no.

Salió de su cuarto. Le dolía la cabeza, se sentía mal. Llevaba varios días metido en casa, contemplando aquel anillo que compró y que no le sirvió para nada. Cada vez que llamaban a la puerta, pasaba de largo. No quería gente que le animara con palabras vacías ni "quéputadatíos" ni "debessaliradelantecolegas".

Porque una parte de él seguía queriendo volver atrás, porque una parte de él se sentía atrapada en su pasado y le gustaba estar allí. Por eso bebió y se drogó lo que pudo y más, intentando olvidar sus errores y aciertos del pasado. Quería empezar realmente de cero.
Ni siquiera desayunó. Simplemente se sentó en el sofá, anillo en mano, y empezó a llorar. No se creía que hacía tres meses la vida era tan perfecta y ahora todo era una mierda. Empezó a discutir con sus amigos de toda la vida y se distanció de ellos. Perdió de vista a su familia, que nunca vio bien el camino que él eligió. Y perdió a la persona que más amaba. Simplemente, un día se fue. Se llevó lo imprescindible y partió, con una nota de despedida donde solo ponía: "No intentes llamarme". Y él lo hizo, esperando que un día ella volviera, pero cada segundo que pasaba era un poco más de desesperanza.

De repente, tras mucho tiempo, pensó que lo mejor era acabar con todo. Nunca quiso considerarlo como una opción, pero realmente lo era. Las facturas se amontonaban en su casa, el amor de su vida lo había abandonado y no tenía amigos. Su destartalada y desordenada casa era gris y sombría. Simplemente, no odiaba su vida. Odiaba la vida.

Decidido, colgó una soga en la pared y, con lágrimas en los ojos, y temblando, se dispuso a ponerse la soga en su cuello. Pero entonces, llamaron a la puerta.
Al principio, él casi ni se percató, pero las llamadas eran fuertes y repetidas. Entonces, bajó, y sin pensárselo dos veces abrió la puerta. No había nadie. Miró abajo y encontró una carta.

"Sé que tu vida es una mierda. Y no, no vengo a decirte que no hagas lo que sé que estabas a punto de hacer. No es mi intención decirte que la vida es fácil si le coges el truco ni que todo lo que te va a pasar en ella es bueno.
Nunca fui una persona de muchas palabras. Normalmente no hablo o hablo muy poco. Odio eso, pero es parte de mi ser.
La vida no es dura. La vida solo es cambio.
Igual que hace dos meses o tres eras inmensamente feliz, ahora estás en la más absoluta miseria. Te odias, odias a todos, y lo comprendo. Nunca sentiré todo lo que sientes tú, pero lo comprendo. La vida te ha golpeado con tanta fuerza que tu espíritu ha quedado en coma. Y sé que pretendías desconectarlo, lo supe desde hacía mucho. Espero haber tenido suerte y que ésto no haya llegado demasiado tarde.
Si miras a tu alrededor, podrás ver mucha falsedad, mucha crueldad y maldad. Sí. Pero si te fijas bien encontrarás también bondad, generosidad, honestidad. Lo que te ocurrió fue horroroso, y repito, no pido que te recuperes hoy. Ni mañana. Pero te dejo ésto para que sepas que sigue habiendo personas que se preocupan por ti. No todo el mundo te dejó cuando tu vida se vino abajo.
Aquí lo dejo. Por último, no quiero animarte a que no acabes con tu vida, pero ambos sabemos que en realidad no quieres. Y si no, ¿por qué has abierto la puerta?".

La lluvia había cesado y los primeros rayos de sol iluminaban las hojas de los árboles cubiertas de agua.
Nuestro protagonista no recapacitó ese mismo día. No salió a la calle al día siguiente. Pero, día tras día, su vida salió del oscuro agujero en el que había entrado. Nunca supo quién le escribió la carta, pero nunca olvidará la lección que aprendió de ella y lo que le ayudó a volver a ver la vida como un regalo, y no como un castigo.



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