martes, 7 de octubre de 2014

Lo siento.

Simplemente, lo siento.

Lo siento por preocuparme demasiado por ti, por mí, por los dos.
Lo siento por querer irme a Francia y disfrutar del viaje.
Lo siento por dejarte rienda suelta para que madurases tú solita.
Lo siento por intentar no ser celoso mientras te alejabas más y más.
Lo siento por ser demasiado bueno y dejarte, ¡dos días después de cortar! que fuésemos amigos.
Lo siento por, solo, intentar que todo saliese bien.
Lo siento por dedicar mi vida a ti.
Lo siento por hacerte creer que eras mi amor platónico.
Lo siento por acercarme a ti y al chico que había roto TODO, e intentar arreglar las cosas.
Lo siento por ser el único que estuvo contigo, cuando tuve que ser el primero en dejarte.
Lo siento porque, además, ese chico te obligase a no arreglar las cosas. Te odiaré todo lo que tú creas, pero te conozco.
Lo siento porque, cuando te deje ese chico, estarás sola y nadie irá a consolarte.
Lo siento por ti.
Pero cada vez que pienso en todo lo que debería disculparme, pienso que yo no tengo ninguna obligación. Y tú, sí.
Bonito numerito el de dejarme como el malo de la película. Un espectáculo es lo tuyo. Pero, créeme, nunca volverás a usarme.
Sí, he cambiado. A mejor, amiga. ¡Muy a mejor! Y si cuando me hacen algo, en lugar de guardármelo y llorar en silencio, lo suelto por medio mundo y río a carcajadas delante tuya, es algo que te mereces.
¿No te podías creer que te hiciera algo así? No me podía creer yo que pudiera molestarte si a mí no me ha molestado TODO lo que has hecho.
Digamos que soy un pacífico irracional. No puedo odiar a nadie.
Después de usarme, de ser el novio con el que terminaste para madurar, después de usarme por dos años, ¿tú no me perdonabas? VETE AL CARAJO.

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