jueves, 14 de agosto de 2014

Finale.

Aquel día, nada estaba tranquilo. Durante todo el día quise quedar con ella, pero no hubo manera, y así era desde hacía tiempo. Estaba rara, y cada vez me hartaba más.
Aquella noche por fin la volvería a ver fuera de los barrotes del instituto. Pero ni siquiera hablé con ella. Aquella noche solo hubo palabras para una amiga, una gran amiga, que empezó a decirme algo que cambiaría mi vida.
Mientras la historia que me contaba iba avanzando, a mí se me destrozaba el corazón más y más. ¿Fui demasiado bueno? ¿Fue una putada? Puede, pero no era eso lo que me quitaba el sueño realmente. Veía llorar a más de uno por mi propia situación. Me daba cuenta de quién realmente iba a estar ahí siempre. Me di cuenta, por fin, de lo que era una persona que realmente comprendía, que realmente era un/a amigo/a. Aquel día me daría cuenta de tantas cosas.
Durante toda la noche tuve que aguantar escuchar la historia completa de cómo había sido engañado y traicionado, por aquella persona en la que volví a confiar y de la que me volví a enamorar luego de que, un año antes, pasase exactamente lo mismo. Tuve que escuchar cómo quise quedar con ella, y ella quedó con otro. Y que no era la primera vez. Y todo. Me destrozaba por completo, pero no iba a llorar. No. Esta vez no.
Aquel tío que me había invitado a cosas, que parecía hacerse pasar por mi amigo para lo que era... Bueno, pues me despedí de él. Realmente, con él no estaba furioso. Era culpable, pero no estaba furioso.
Con aquella amiga a la que agradeceré todos los días de mi vida abrirme los ojos, fui a su casa. Allí, seguimos hablando durante una hora. Todavía lo recuerdo. 
En cuanto llegué a mi casa, mensajeé a esta persona y lo terminé todo. Volvía a ser el de antes de 2014. Ese chaval de 2013 al que le importa ser feliz y no hacer feliz a una persona que luego te va a dejar tirado.
Un consejo: Valórate más que a cualquier persona, porque la persona que más va a vivir a tu lado eres tú mismo.

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