sábado, 5 de julio de 2014

SWSI - Capítulo 8

Hoy es el último día de la vida de Iris.

Éso he pensado al levantarme. Y me ha dado un fuerte dolor en el pecho... La última vez que veremos a Iris... Esa risa, ese ánimo, ese optimismo, esas ganas de vivir que tuvo siempre mañana dejarían de estar entre nosotros.
Estas tres semanas las he pasado con todos, pero bastante incómodo. Todo pasó tan de repente que no sabíamos ni qué decir.
Nueve de septiembre. Una semana para que empiecen las clases.
Salto de la cama. Siete de la mañana. Me apresuro a vestirme y corro hacia la salida.
-Pero, ¿dónde vas? ¡si ni siquiera has desayunado!-dice mi madre.
-Ah, ¿no te lo había dicho? Han dejado salir a Iris por... bueno, ya sabes, y vamos a estar todo el día con ella-dije yo. Sinceramente, creo que se lo había dicho.
-¡Ah, sí que me lo dijiste!-recuerda mi madre entonces-venga, sal y diviértete-.
Voy corriendo mientras escucho a mi madre susurrar.
-...diviértela-.

Llego a las siete y cuarto al hospital. No sé cómo he llegado tan pronto, de verdad.
Iris ya está lista, esperándome con sus ojos rojizos y una sonrisa que intenta demostrar optimismo, pero su mirada irradia el miedo de alguien al que le quedan 24 horas de vida.
Y sí, he llegado el primero. Corro hacia allí, y la abrazo. El abrazo se alarga bastante, ni ella quiere que la suelte ni yo quiero soltarla.
Finalmente, nos separamos y empezamos a hablar.
-Bueno, ¿hoy qué haremos?-pregunta.
-Imagino que estaremos en la playa, comeremos allí, y después pues echaremos una vuelta-digo yo.
-Pero por favor, hoy quiero que seamos un grupo, como antes...-dice Iris, a mí se me hiela el corazón.
-Bueno, Iris...-empiezo-vamos a ver, sé que has hecho muchísimos esfuerzos, incluso en tu estado, para que volvamos a ser amigos. Pero creo que éso no va a suceder. Sí, hemos sido amigos toda la vida, pero Adrià, Natalia, incluso Carol... Creo que nunca volverán a ser amigos míos como lo eran antes-.
-Mike, escucha. Puedes recuperar a Adrià. Ya eres amigo de Carol de nuevo. Y, te lo prometo, a Natalia puedes y vas a recuperarla. Y sabes que no es como amiga-ella me mira a los ojos y sonríe.
Ha pasado otro cuarto de hora desde que llegué cuando llegan Carol y Natalia.
-¡Natalia! ¡Carol! ¡¡Genial!!-a Iris le brillan los ojos.
-¡Buenos días, Iris!-dice Carol abrazándola-...Mike-me mira y la saludo con la mano. Natalia ni siquiera me mira.
Adrià llega unos minutos más tarde y, mientras la brisa marina de principios de septiembre nos acaricia y el sol empieza a salir, salimos hacia la playa.
Llegamos recién amanecido a la playa. Mientras colocamos las cosas, yo miro a Iris. Las piernas le han empezado a temblar, se duele de la cabeza bastante. Está aterrada.
Las dos primeras horas de playa son bastante aburridas, e incómodas. Vamos cada uno a nuestra bola. Mientras Adrià intentaba hacernos creer que realmente en esas aguas inmóviles se podía surfear, Carol y Natalia tomaban el sol, y yo me bañaba con Iris. El agua estaba templada, tranquila... Perfecta.
Iris sale del agua y nos anuncia algo: Ha traído cartas. En ese instante se forma ante ella un corrillo de cuatro personas que parecemos ludópatas. Jugamos a la brisca, al póker y al blackjack. Lo pasamos genial. Todos reíamos, bromeábamos, hablábamos. Era mágico.
Nos pasamos jugando lo que quedó de playa, y nos vamos.

Sé lo que estáis pensando. Los padres de Iris hubieran estado encantados de tener a su hija todo el día, pero Iris por lo visto insistió y suplicó hasta que sus padres la dejaron estar el día con sus amigos y pasar el final de su vida con ellos.

Bueno, entonces Iris empieza a llevarnos a sitios que han significado mucho para nosotros.
-¿Recuerdas aquí, Mike?-me dice-¡aquí jugamos nosotros la primera vez! Buf, ¡cuánto tiempo!-.
-Jaja, sí-respondo yo.
Se produce un incómodo silencio que rompe Iris empezando a decir unas palabras que marcarían nuestras vidas.
-Bueno, ya está, ¿no? Dejad de haceros los fuertes. Lleváis así desde el día de la audición. ¿No lo veis? Escuchadme.
Carol, ya tú eres amiga de Mike de nuevo, ¿por qué no lo demuestras?
Mike y Adrià, sois mejores amigos desde Dios sabe cuánto, joder... ¿vais a dejar de serlo por una tontería?
Natalia, quieres a Mike. Mike, no me jodas, quieres muchísimo a Natalia. Tanto que ni le hablas porque quieres quedarte con el beneficio de la duda, ¿me equivoco? Lo que no quieres es ver que Natalia ha pasado de ti. Pero te voy a responder: ¡No ha pasado de ti! Te quiere, ¿vale? Ella misma me lo dice cada día. La cagaste, pero las cosas se pueden arreglar. Y si estás tan enamorado de Natalia, deberías hablarle de una vez y reconquistarla. Te prometo que no va a ser difícil.
Mirad, yo ya no tengo remedio, ¿sabéis? Yo ya estoy en el abismo. Mañana mismo dará igual que me hable con vosotros o no, dará igual todo. Porque ya no estaré. Pero fijaos, tenéis toda una vida por delante, no sabéis cómo os envidio. Y la vais a desaprovechar presumiendo de orgullo ante las mejores personas que pueden existir. ¿Realmente... realmente queréis éso?-.
Nos miramos todos. A Iris se le escapa una lágrima. Entonces todos nos damos cuenta. Nosotros, hemos intentado hacerles ver a los demás una persona distinta. Todos nos conocemos, ¡si somos como hermanos! Mientras no nos hablábamos hemos pasado los peores meses de nuestras vidas. Como ha dicho Iris, ¿queremos seguir aguantando ésto o tragarnos nuestro orgullo, que tan poco vale realmente, y volver a intentarlo?

Entonces nos fundimos en un abrazo, un abrazo que sí que supera todos los abrazos.
Iris nos tapa los ojos. Nosotros, ciegos y emocionados, esperamos la sorpresa que tiene. Entonces, tras un largo paseo, nos quita la venda.
Estamos en su garaje. ¡Qué recuerdos me trae este garaje, y cuanto tiempo sin verlo!
Ella sonríe y dice:-Quiero que mi último recuerdo sea tocar en el garaje que nos ha visto crecer desde que nuestros instrumentos eran inalcanzables para nosotros, con las mejores personas que he conocido.
Nosotros nos damos otro abrazo, entre todos. La individualidad se ha perdido completamente.
Ya es casi de noche. Natalia coge el micro, yo cojo las baquetas, Iris con dificultad coge su bajo, Carol coge su saxofón y Adrià, por último, coge la guitarra.
Entonces, empezamos.
Lo hacemos de maravilla. No tenemos noción del tiempo, no tenemos ganas de saberlo. En ese mismo instante nos sentimos como el mismo grupo que comenzó el verano lleno de ilusiones y sueños.
Ni siquiera paramos entre canción y canción. Simplemente, estamos llenos de energía. Como al principio, todo vuelve a ser como al principio.
Tras varias horas, nos disponemos a irnos y, entonces, Iris cae al suelo desplomada. Nosotros avisamos a sus padres. Ella y sus padres van en coche, mientras nosotros corremos todo lo que podemos. No aguantamos las lágrimas, dejamos un rastro a nuestro paso de gotas. Lágrimas que nunca quisimos que llegaran.
El hospital nunca nos había parecido tan lejano. No cogemos el ascensor, no preguntamos nada. Subimos las escaleras y buscamos a los padres de Iris.
Llegamos a la habitación de Iris. Sus padres lloran desconsolados, Iris gira lentamente la cabeza, totalmente pálida. Nosotros corremos hacia ella.
Entonces nos dice:
-Chicos, gracias... porque, ahora que me voy... comprendo que sois... sois lo mejor que me ha pasado. Gracias, porque... mi sueño... se ha cumplido-entonces cierra los ojos lentamente. La mano que con fuerza me cogía palidece y cae. Se acabó.
Natalia me abraza y llora desconsolada, al igual que yo. Adrià y Carol siguen en shock, no se lo creen. El doctor llega con dos enfermeros y tapan a Iris.
Diez de septiembre a las once y media. Iris se ha ido definitivamente...
Los padres de Iris se van a quedar allí toda la noche, pero nosotros tenemos que irnos. Salimos del hospital todavía sin creernos lo que acaba de ocurrir. Iris, esa chica que ha estado con nosotros toda su vida... Se nos ha ido.

Los siguientes días los pasamos con distintos homenajes y despedidas a Iris. Son bastante duros. Quedamos al día siguiente, bien temprano. Ninguno había dormido.
Cada uno, leímos un mensaje escrito por nosotros en voz alta, y lo dejamos en el bajo de Iris.
Después de éso, nos encaminamos hacia el entierro. Todos vamos de luto, y nos llevamos el bajo. Lo colocamos encima del ataúd de Iris, realmente queremos que lo lleve siempre. Sus padres nos dejan, ellos saben que ella lo hubiese querido.
Finalmente, todo acaba.
Tras una semana emocionalmente devastadora, comienza el curso. Después de unas vacaciones que habían dejado huella en todos nosotros, y sin Iris, empezamos a ir juntos a clases.

Quedamos el primer sábado del curso para ir a la playa, por última vez. Todos seguimos teniendo a Iris en el recuerdo.
Al llegar, nos abrazamos, y empezamos a hacer lo típico que hacíamos en la playa: Adrià aprovecha las olas, Carol y Natalia toman el sol y yo hablo por el móvil, aunque en breve iré al agua a tirar a Adrià de la tabla. Entonces, Natalia se levanta, anda hasta donde estoy yo y me dice:
-Mike, lo he pasado mal todo el tiempo que no he estado contigo-.
-Yo también, Natalia-digo-he llorado y he madurado. Escucha: lo siento. Lo siento muchísimo, ¿vale? No sabía qué hacía. Parece la típica excusa pero te prometo que es verdad. Aunque Carol sea la guapa, la lista, lo que tú quieras, hay algo que a mí me diferencia. Que yo te quiero a ti, tal y como eres. No tienes que cambiar un ápice de tu aspecto o de tu personalidad. Eres perfecta-.

Entonces, nos besamos y abrazamos. Y, ahora sí, sé que ese abrazo supera todos los abrazos.
Carol y Adrià nos ven. Adrià vuelve a felicitarme, igual que Carol. Nos abrazamos y empiezo a pensar que mi padre tenía razón. En esta vida vas a pasarlo mal. En esta vida te van a dar palos, y algunos van a ser catastróficos. Tendrás momentos donde no quieras vivir, donde quieras romper con todo y pegarte un tiro. Tendrás días donde nada pasará y realmente te preguntarás: ¿y de qué sirvo yo aquí?
Sí, pasará todo éso. Puede que tu madre atropelle a tu mejor amiga y al final esa amiga termine muriendo. Puede que te pase todo éso.
Y allí, con los mejores amigos que se pueden tener, reconocí que al final, la vida nunca es fácil, pero siempre tendrás a varias estrellas que brillarán por y para ti. Y es lo mejor que te puede pasar.


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