miércoles, 10 de julio de 2013

SWSI - Capítulo 1

Hola. Soy un chico de 15 años.
Me llamo Michael, pero todo el mundo me llama Mike, así que tú también puedes hacerlo. Vivo en un pequeño pueblo en el sur de Barcelona.
Según me han dicho soy más o menos alto. Tengo los ojos color café. Sé tocar la batería, desde chico me encantó este instrumento.

Hoy me he levantado, desayunado, vestido, peinado y arreglado en tiempo récord para llegar al instituto puntual. No porque me importe mucho la puntualidad, sino porque un atraso más y me echan un parte, y no me da la gana que un alumno que no molesta como yo se lleve un parte por no llegar cuando el maestro de turno pasa lista.

Llego a aquel edificio que más que un instituto parecía una cárcel de máxima seguridad. Llego, y a los dos segundos, toca el timbre de principio de mañana, el que a nadie gusta oír, donde, soñolientos, vamos a clase a recibir seis horas de clase: ecuaciones, sintaxis, y aburrimiento al máximo.

Como siempre, las tres primeras horas son un maldito infierno, como todos los Lunes. Pero llega el momento de la media hora de libertad. El recreo.
Ese timbre sí que gusta: el mismo tono, el mismo sonido irritante, pero que en ese momento da un placer que no se expresa con palabras, un sentimiento que te alegra el alma. Por un instante, eres completamente feliz.

Llego al patio, y en el mismo sitio de siempre, están Carol, Adrià, Natalia e Iris.

Desde que llegué al instituto siempre estamos allí, nadie nos lo quita. No es que no se atrevan, es que en nuestro instituto seguimos una norma: espacio para todos los grupos. Ese era el nuestro, y siempre lo será. Si nuestros hijos se matriculan allí y son amigos, ese sitio está reservado. Una locura, pero funciona. No hay peleas. Simplemente, cada uno en su sitio.

Bueno, se me olvidó presentaros a los demás:

-Adrià, 15 años. Alto, delgado, pelo largo y desgarbado. Mi mejor amigo. Toca la guitarra, y también juega al baloncesto conmigo.
-Carol, 16 años, hermana de Natalia. Es la mayor de nuestra grupo. Estatura media, morena y ojos negros. Muy sencilla, le gusta el jazz, toca el saxofón. Nació en México pero lleva toda su vida en el pueblo.
-Natalia, 15 años, hermana de Carol. Mediana, e incluso un poquito baja comparado con los demás. Rubia, ojos verdes y profundos, pelo largo y lacio que elegantemente cae sobre sus hombros. Nariz chata y pequeña, y labios finos. Canta de maravilla. No se nota que estoy enamorado de ella, ¿verdad?
-Iris, 15 años. Mide exactamente lo mismo que yo desde que nos conocemos. Es muy rebelde. Tiene el pelo verde, ojos rojos. Si te mira fijamente, pensarás que está viendo tu alma. Pasó por un bajón y una depresión enorme. Ella se nota libre de decidir con quién pasar su vida, por eso es bisexual. Al menos así se decidió según ella.

Todos nos conocemos desde el colegio, desde los seis años. Hemos pasado grandes momentos juntos, teniendo en cuenta que somos realmente diferentes.
Obviamente, sabiendo tocar cada uno un instrumento y teniendo una vocalista, pues tenemos un grupo. No tenemos estudio, tenemos garaje de Iris. Allí es donde grabamos. No hemos hecho discos, pero estamos en ello.

Así, pues acabó el recreo, y volvíamos a clase. Ninguno estábamos en clase con otro. Era horrible. Carol estaba en primero de bachillerato. Los demás, en cuarto. Había dos cuartos de Ciencias, uno de Letras y otro de Bellas Artes.

Iris se fue al de Bellas Artes, porque dibujaba de maravilla. Natalia, al de Letras. Le gustaría ser profesora de Inglés, pero su verdadera vocación es ser escritora. Adrià y yo, pues tocó la mala suerte de que nos tocó en clases diferentes. Una maldición, de verdad.

Bueno, al menos me tocaba inglés a última. Es mi asignatura favorita, y en la que mejor nota saco.

También se me ha olvidado mencionar ésto. Soy de Nueva Orleans. Mi madre es de Barcelona, y mi padre, de Luisiana.
Mi padre era un pobre emprendedor y vivíamos en los suburbios. Allí empecé a "tocar la batería" en un pequeño grupo que teníamos mi hermano y yo. Él tocaba el saxofón y yo acompañaba con la batería, formada por dos platos y unos cubos. En Nochebuena, la familia se unía y tocábamos todos para el barrio.
A los cinco años mi padre, harto de esta situación de pobreza, pues buscó trabajo y lo encontró en Barcelona.
Allí fuimos, y hasta hoy.

Tras las tres horas infernales, vuelvo a casa con la mochila en la espalda y una sonrisa de oreja a oreja. Por suerte, ya quedaba una semana, y no parece que pase mucho: nadie va en la última semana, ya está todo vendido.

Por tanto, llego a casa diciendo: "¡Por fin, verano!". Mis padres se quedan un poco sorprendidos por mis gritos, pero yo no echo cuenta. Estoy en una nube.
Quedamos para ir a la playa. Yo soy más feliz incluso. <<Ya llegó el maldito verano, ¡cómo tardaba el hijo de puta!>>pienso mientras preparo las cosas para la playa.
Bueno, me termino de preparar, y para la playa.

Y en la playa, pues baño, cartas, risas y más risas. Todos estamos completamente felices, extasiados. Es la puta maravilla. Verano, por fin.

Llego a casa, pregunto para salir, pero no había muchas ganas. Hombre, ya ha acabado todo, un poco de descanso no viene nada mal.

Ceno, y, como siempre, antes de dormirme, tras leer un rato, miro a la ventana.
Era algo que mi padre me había enseñado...
"-Hijo, ¡mira por la ventana!
+Sí, ¿qué pasa papá?
-Mira, te voy a enseñar una cosa. Tú pasarás por malos y buenos momentos. Llorarás y reirás mucho. Eso le ha pasado a todo el mundo, incluido a tu papi. Pero quiero que siempre, después de un mal día, o un buen día, SIEMPRE, mires la ventana y veas las estrellas.
+¿Por qué, papá?
-Porque mira, todo irá yendo y viniendo, nada dura para siempre dicen, pero es mentira. Hay algo que, al menos yo creo, que dura para siempre. Y a todos nos dura, y siempre lo vemos pero no lo valoramos, es las estrellas. Siempre están, dicen que mueren, pero es mentira. Se renuevan, hay más y más. Siempre las ves, y siempre brillan. Recuerda: pasarás malos y buenos momentos, todo va y viene, menos las estrellas. Las estrellas siempre brillarán intensamente para ti".
Por eso siempre he mirado las estrellas, porque me reconfortan siempre antes de dormir.

Cierro finalmente los ojos, y duermo. Sueño con un gran verano. Eso espero...

continuará...

2 comentarios:

  1. Bueno, como me dejas criticar, critico. Con la mejor de las intenciones y con mucho cariño, pero critico.

    Los nombres propios dicen mucho. Harry Potter no sería tan mágico si se apellidara Johnson, si Don Quijote se llamara Sir Anthony nos costaría bastante más imaginarlo luchando contra molinos y Raskolnikov probablemente no vagaría por San Petersburgo, sino por Móstoles si fuera un tal Fernández.
    Tiendes a usar siempre nombres anglosajones, y a veces pierdes riqueza por ello. Aquí tienes un protagonista de origen estadounidense, con lo que Mike es genial, pero sitúas la acción al sur de Barcelona, y salvo Carol se entiende que el resto de amigos son catalanes... ¿por qué no Jordi, Montse, Nuria u Oriol? Puede parecer una chorrada, pero según leía no sabía si imaginar las playas que salen en CSI-Miami o si recordar las de Isla Cristina... y tuve que releer para darme cuenta de que, quizá, sería mejor pensar en Sitges.
    Los nombres propios ubican y contextualizan de un modo casi inconsciente. Dan datos de la cultura a la que pertenece el personaje, de sus orígenes, e incluso, en ocasiones, de su personalidad. Por eso los escritores, y los traductores, le dedican tanto tiempo a bautizar a sus personajes.

    Y ahí me quedo, a la espera de ver cómo se desarrolla el relato.

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  2. Gracias por aceptar la crítica de modo tan abierto. No esperaba que cambiaras los nombres de este relato concreto, aspiraba más bien a que lo tuvieras en cuenta para futuras narraciones. Pero creo que así está mucho mejor.

    Ains, a esperar el segundo capítulo.

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